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miércoles, 6 de mayo de 2009

Luz de luna

Cuentan que una ocasión la luna paseaba por un bosquecito fresco, se sentó a observar a su alrededor, escuchaba riachuelos, búhos y otros ruidos nocturnos, hizo una mueca y se recostó aburrida.
De repente escuchó una voz que nunca antes había escuchado, se incorporó atenta, se dio cuenta de que esa voz pertenecía a un lobo, que en ese momento daba un discurso a otros animales del bosque…se estiró para verlo, pero no pudo por la espesura de la vegetación, picada por la curiosidad, caminó y se acercó a él, algo le preguntó y él algo le respondió, mirándola divertido… a la semana siguiente ella regresó a buscarlo, le habló de nuevo y se acercaron… desconfiados, pero curiosos.

El lobo tenía un pelaje brillante y fulgurantes ojos negros, era un animal que se distinguía de la manada. El y la luna empezaron a encontrarse en las noches…el venía a cantarle a ella y a pedirle un poco de compañía.
¡Cuantas cosas hacían! Danzaban, hablaban, nadaban, componían poemas, jugaban, reían, y... muchas cosas más.
El lobo se le metió hondamente en el alma a la luna, y sucedió que pensaba en él de noche, de día, cuando comía, cuando dormía, andaba distraída piense y piense en el… suspiraba, lo recordaba a cada instante y con las palabras del lobo se bañaba, se alimentaba, y se calentaba en las noches más frías.

Desde ese día, siempre que los lobos aúllan, las lunas despiden una luz más brillante que de costumbre.

(30 enero 09)

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